jueves 19 de mayo de 2022

POR LUIS “CHANGUI” CÁCERES

Telegrama a la militancia, a los duros, a los de sangre caliente como el que escribe

Hagamos historia y terminemos con el “relato” sin fabricar “relatos”.

martes 25 de diciembre de 2018
Telegrama a la militancia, a los duros, a los de sangre caliente como el que escribe

Seamos críticos del ejecutivo en su accionar que divide a la sociedad argentina, que fabrica la dicotomía amigo-enemigo, que no tiene vocación de dialogo y por lo tanto no busca los consensos; pero actuemos con coherencia, hagamos realidad lo que decimos, busquemos lo que el gobierno no busca si es que queremos llegar dentro de las diferencias que tenemos a la unidad nacional que nos marca el preámbulo y que supimos tomar como bandera. Los principios son inmutables y deberán ser aplicados en el contexto de realidades que si mutan. Se hace fuego con la leña que se tiene, sin salirnos de la rica historia partidaria que nos marca un camino. La situación actual del partido es posible porque adentro mismo hay diferencias en el accionar, en las formas, en los modos y porque no decirlo probablemente también en el fondo en algunas cuestiones.

Reconstruir el partido debe ir más allá de la consigna, transformándose en un compromiso. Todo país necesita de un partido como la Unión Cívica Radical que levante y practique un concepto ético y moral de la política, no que simplemente lo declame. A las nuevas generaciones y a los veteranos que no abandonan utopías, que no se apartan de la huella, les corresponderá la dura tarea de la reconstrucción sin claudicaciones, sin pesimismos irreversibles. No he sido ni soy dogmático, soy un jugado de mente abierta, si desde la razón y la viabilidad alguien tiene otro camino que marche hacia la luz de la esperanza, más fácil de transitar, más sencillo, que lo plantee, pero que vaya más allá de la crítica y de la duda que signifique realmente abrir senda, que pueda poner punto final al actual estado de cosas.

Me podría quedar callado, sería lo más cómodo, hay cincuenta y cuatro años de lucha en mis espaldas, con el silencio cada uno podría pensar que uno tiene la posición que otros desearían que tenga, pero sería una deserción, sería abandonar la lucha, sería traicionar mi propia historia.

Mis amigos, como decía un viejo dirigente partidario fallecido, “tengamos la capacidad de actuar con la mente fría, el corazón caliente y las manos limpias”.

Único objetivo, un país viable para los que vengan.

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