COLMAN: Condenan a 16 años de cárcel al conductor de la camioneta Que atropelló y mató a Darío Velázquez y Viviana Sanabria
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COLMAN: Condenan a 16 años de cárcel al conductor de la camioneta Que atropelló y mató a Darío Velázquez y Viviana Sanabria

Ulberto Colman, el conductor de la camioneta Chevrolet S-10 que atropelló y mató a Sergio Darío Velázquez y Viviana Yolanda Sanabria, e hirió a otras dos personas, en un violento siniestro vial ocurrido sobre la ruta 11 a pocos kilómetros al sur...

Ulberto Colman, el conductor de la camioneta Chevrolet S-10 que atropelló y mató a Sergio Darío Velázquez y Viviana Yolanda Sanabria, e hirió a otras dos personas, en un violento siniestro vial ocurrido sobre la ruta 11 a pocos kilómetros al sur de la capital provincial el 18 de agosto de 2013, fue condenado ayer por la Cámara Segunda en lo Criminal de la provincia a 16 años de prisión por el delito de doble homicidio simple, en concurso ideal con lesiones graves y leves. 
El fallo pertenece a los jueces María Nicora Buryaile, Ricardo Fabián Rojas y Ramón Alberto Sala (subrogante) cuya parte resolutiva fue leída ayer en una audiencia pública realizada en el sexto piso del  Edificio de Tribunales.
Al momento de producirse los alegatos, la fiscal del juicio, Norma Zaracho había solicitado 20 años de prisión para el acusado, en tanto los querellantes pidieron 18 años de cárcel, ambas partes por el delito de homicidio simple con dolo eventual, mientras que el abogado defensor del ahora condenado se había pronunciado por una pena que encuadre al delito de homicidio culposo.

El caso
Los hechos ocurrieron el pasado 18 de agosto de hace tres años. Aquel día, Ulberto Colman se encontraba en la localidad de Gran Guardia ingiriendo bebidas alcohólicas en compañía de otros dos hombres, con quienes luego se dirigió al mando de su camioneta marca Chevrolet modelo S-10 a la Fiesta de la Verdura en la ciudad de Mayor Villafañe. En ese lugar todos continuaron tomando bebidas alcohólicas para luego retomar el viaje hacia la ciudad de Formosa haciéndolo por la ruta provincial Nº 1. Al llegar a la localidad de San Francisco de Laishí, Colman y sus acompañantes descendieron en una estación de servicio; lugar donde generaron una gresca y luego se retiraron presurosamente a bordo de la camioneta. El conductor retomó el camino empalmando en la ruta nacional 11 por la cual marcho a alta velocidad, sobrepasando otros vehículos y realizando movimientos zigzagueantes. Siendo aproximadamente la hora 20:30 al llegar a la altura del barrio Nueva Pompeya, donde la velocidad máxima permitida es de 40km/h, por tratarse de un sector de la ruta que atraviesa por una zona urbana, embistió de atrás al automóvil Fiat Uno que se dirigía por la misma ruta y en idéntico sentido de circulación a una velocidad de 38km/h, provocando que el automóvil saliera de la cinta asfáltica y diera un vuelco. Como consecuencia del violento impacto los ciudadanos Sergio Darío Velázquez -conductor del automóvil- y Viviana Yolanda Sanabria -quién viajaba en la parte trasera del lado del conductor del mismo vehículo- perdieron la vida. Asimismo, los demás pasajeros del automóvil, Rosalinda Velozo Irala y Lucas Garcia Jacobo, resultaron lesionados, presentando la mujer heridas que le demandaron un tiempo de curación e incapacidad laboral menor a treinta días, en tanto el joven sufrió lesiones de consideración.
Al momento del impacto, la camioneta registraba una velocidad de 102km/h, en tanto el conductor Ulberto Colman se encontraba en estado de ebriedad, con una graduación alcohólica en sangre de 2,79g/l.

Absoluta certeza
En un extenso y fundamentado fallo, los jueces de la Cámara Segunda en lo Criminal analizaron pormenorizadamente la gran cantidad de pruebas reunidas a lo largo de casi tres años de investigación y las emergentes del juicio oral y público realizado semanas atrás, coincidiendo en que existe “absoluta certeza” sobre la autoría material del acusado Colman, como así también de que los hechos ocurrieron de la forma referida.
Para poder reconstruir la tragedia vial, los jueces tuvieron en cuenta los numerosos testigos que declararon en el juicio, quienes ilustraron todo lo que sucedió en aquella fatídica jornada, tanto antes, como durante e incluso después del hecho, siendo de fundamental importancia el aporte brindado por los dos sobrevivientes que viajaban en el Fiat Uno. 
En el mismo nivel de relevancia, también se ubican las pruebas periciales efectuadas en su oportunidad, tales como el informe de laboratorio que reveló que tres horas después del choque, Colman tenía una concentración etílica en sangre de 2,79 g/l, correspondiendo la cantidad señalada a un tercer período de ebriedad, según clasificación consignada en “Medicina Legal de Bonett”. En el tercer período de ebriedad  el alcohol provoca la depresión del sistema nervioso central y los reflejos disminuyen aún cuando sea buena la tolerancia del individuo, y recién en el transcurso de 8 a 10 horas la absorción en sangre tiende a desaparecer. Además, la concentración etílica hallada en el conductor de la camioneta disminuye notablemente la reacción, quedando la percepción prácticamente aplazada y que “de haberse desplazado manteniendo la distancia precautoria con el vehículo que lo precedía con la marcha a la velocidad reglamentaria (40km/h) el impacto hubiera sido evitable”, dice la sentencia de la Cámara Segunda en lo Criminal.
En cuanto a la velocidad desplegada por la camioneta al momento del impacto, el fallo judicial se remite a los informes brindados por los peritos -ratificados en su totalidad por el mismo en la audiencia oral- en el sentido de que el rodado embistiente se desplazaba a una velocidad mínima de 102 km/h, estableciendo 51 metros como distancia total de frenada, no existiendo ningún elemento que permita inferir que el Fiat Uno estaba detenido en la ruta. Además, los rastros de frenadas hallados en el lugar, demostraron que Colman no adoptó la prudente distancia que debía guardar en relación al vehículo que lo precedía. 

Calificación legal
En cuanto a la calificación del caso como homicidio simple con dolo eventual, la jueza Nicora Buryaile (primer voto al que adhirieron sus pares Rojas y Sala), consideró que quedaron dudas que Colman condujo -pese a su estado de ebriedad de características casi completo (2,79 g/l), que lo inhabilitaba para el manejo-  continuó su marcha hacia esta ciudad  aun sabiéndose en ese estado, evadiendo por ello el control policial. Tal dosaje en sangre –agregó la jueza- determina en el individuo pérdida de inhibiciones y reflejos, además del alargamiento de los tiempos de reacción cuantitativa visual y motora, pero aun así, Ulberto Colman no sólo que continuó manejando sino que también lo hizo a exceso de velocidad (102 km/h aprox.), en zona que además sabía urbana por los carteles de precaución existentes en el sitio, pese a lo cual de igual modo desatendió tales indicaciones. “Creo que esa sumatoria de gravosas circunstancias por él trasgredidas,  revela un grosero menoscabado de su parte a las leyes y consecuentemente a los bienes jurídicos de alto tenor (vida e integridad de las personas) que las mismas resguardan, siendo precisamente ésa circunstancia la que aparta su conducta de la simple negligencia e imprudencia que exige el tipo culposo para su configuración”, argumentó.
En esta línea de pensamiento, Nicora Buryaile sostuvo que no estamos ante un descuido mínimo, sino ante una conducta temeraria, sin importarle las consecuencias de su accionar, razón por la cual consideró que el dolo eventual respecto del enjuiciado Colman se construye a partir su temeraria conducta, en la que asumió un  cúmulo de peligros no permitidos y no por él controlados, evidenciando la aceptación interna del resultado, que sabía no improbable. “Y tomo como relevante del aspecto cognitivo, que exige el dolo eventual a él enrostrado, el conocimiento del riesgo creado y la decisión voluntaria y consciente del inculpado Colman de conducir a exceso de velocidad, en zona que sabía transitada -por ser urbana- y sabiéndose además con sus facultades disminuidas y con retardo de reflejos”, remarcó la magistrada del primer voto.
Asimismo, dijo que si bien del informe accidentológico de la División Criminalística surge que Colman frenó previo al impacto, virando levemente hacia el carril contrario, en un fracaso intento de evitar la embestida, “a mi modo de ver –opinó la jueza- no fue la confianza en la evitación la motivante de su decisión de seguir conduciendo sabiéndose no habilitado para ello y a una velocidad no permitida por la zona. Por ello, la voluntad de evitación debe traducirse en algo objetivo, previo al suceso, decisión que no surge evidenciado del accionar de Colman, ya que por el contrario, todo su obrar previo demuestra que dejó que las cosas siguieran su curso, resignándose al resultado. Lo decisivo es si el sujeto, valorando acertadamente el grado de peligro, emprende un intento serio de evitarlo”, remarcó.  
Para validar este razonamiento, recordó que el acusado Colman, no se detuvo y evadió el control de tránsito policial apostado en la Ruta Nacional Nº 1 (Localidad de Laishi), precisamente porque sabía no estar en condiciones para el manejo y porque sabía que su simple apariencia delataba su cuadro etílico. “En el caso que nos toca juzgar aquí, Colman no sólo tuvo conocimiento del riesgo creado, sino que también tuvo la decisión consciente y voluntaria de conformarse con el resultado, pues los indicadores objetivos demuestran que visualizó el control policial y los carteles indicativos de precaución en la zona y aun así Colman decidió seguir conduciendo en estado de embriaguez y en exceso de velocidad, asumiendo el peligro concreto, que representaba su conducta, por lo que ya no es posible sostener que confió en que el resultado no se producirá sino que es preciso considerar que el resultado verificado en el caso, no era improbable para él. Cuando el sujeto, como en el caso, deja que las cosas sigan su curso sin hacer nada en contra, a menudo se puede deducir, que el mismo se ha resignado al resultado. Esto es lo que excluye su conducta de la culpa (negligencia, imprudencia), situándola excepcionalmente en el dolo eventual que se le adjudica”, fundamentó la doctora Nicora Buryaile.
En el mismo sentido, el fallo señala que es inaceptable la idea de que Colman no se haya representado la posibilidad de algún resultado dañoso de su accionar; ya que conocía perfectamente los riesgos de la conducción de un automotor,   por cuanto , según dijo al declarar en el juicio, conduce vehículos desde los veinte años y además ya  había sido imputado en otra causa judicial por lesiones culposas generadas por la conducción vehícular, e incluso en el marco de la suspensión de ese  juicio a prueba,- como regla de conducta a cumplimentar-   realizó  un curso teórico practico de conducción de automotores. “El acusado, conocía perfectamente los riesgos que  por su propia naturaleza apareja la conducción de automotores; de donde cabe inferir que no podía desconocer los riesgos que implicaba conducir en alta dosis de intoxicación alcohólica, en excesiva velocidad antirreglamentaria y con sus reflejos aletargados”, remarcó el juez Sala al emitir su voto.
Por otra parte, las constancias de la causa exhiben que el Fiat conducido por Velazquez, transitaba a una velocidad mínima de 38 Km/h; es decir que se desplazaba respetando los límites máximos de velocidad reglamentaria, que exigían los carteles viales. “En este caso, quienes cumplieron las reglas de velocidad máxima permitida, ajustándose a las normas de convivencia social, pagaron con sus vidas la indiferencia y el desprecio por esas mismas normas, que demostró el traído a juicio en la ocasión examinada”, expresó el magistrado.

No debe generalizarse; es un caso concreto con aristas peculiares 

Por otra parte, la jueza Nicora Buryaile consideró atinado no caer en la generalización a partir de este fallo judicial, el cual se refiere a un caso concreto con peculiares aristas de peligrosidad en cuanto a la conducta juzgada.
En tal sentido, estimó conveniente recordar que la prudencia indica la necesaria mención que debe hacerse en cuanto a que la labor judicial se atiene y decide en función de las circunstancias concretas particulares de los hechos sometidos a juzgamiento, sin que puedan alegarse generalizaciones que no se atienen al caso concreto. 
“Con ello, quiero significar que lo aquí decidido, no implica sentar el indiscriminado criterio, de que todo hecho de tránsito en el que hubiera ingesta alcohólica y conducta antirreglamentaria del que devenga la muerte de un ser humano, sean ya de por sí ligeramente enmarcables en las figuras dolosas, sino que en esta ocasión y por las razones más arriba por mí apuntadas, se juzga ajustado a derecho dicha tipificación”, remarcó la magistrada.

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2 comentarios

  • protegido escribió el 11 de Mayo del 2016
    a todo lo ya hecho para proteger al homicida, ahora dicen que los bogas piden sea alojado en la alcaidía de mujeres porque padece de indefinicion de género...........se imaginan?.......no..........tendría que ir al penal de ushuaia mas o menos asesino de merde!
  • bien escribió el 11 de Mayo del 2016
    saludable fallo para la credibilidad de la justicia formoseña, aunque sea en algùn fuero y en algun tribunal......ojalà se confirme todo en casaciòn o lo que sea y se siente jurisprudencia para otros casos....bien por la fiscal zaracho.......espero le hagan llegar al borracho asesino sus fotos haciendo fuck you a la gente, o burlandose de parientes de los finados...........porque o quedaba guardado o algun clamor popular lo iba a ajusticiar,,,,,,,,,asesino hdp.......serìa bueno se avance en FALSO TESTIMONIO a los compinches del kaù, etc etc y a full con el fuero CIVIL, ya que por portaciòn de apellido este es un apèndice de la ruta del dinero G........
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