Repensar la educación
"El pueblo romano nunca se preguntó si estaba a favor o en contra de la esclavitud, porque le parecía tan natural como la lluvia".

En Argentina, ningún gobierno hizo mucho para terminar con la pobreza y la desigualdad. Cada día, las diferencias sociales se acentúan y se ha normalizado la desigualdad.
En el pasado, la escuela fue la forma de producir la integración social que nos contribuyó como país. Un espacio social, donde las clases sociales se mezclaban y se formaban con las mismas consignas. Esta escuela, la sarmientina, está en crisis. Los que concurren hoy son los más pobres, docentes con salarios bajo la línea de indigencia.
Argentina necesita ser eficiente y competitiva que consecuentemente es acechada por la robótica y la revolución de la tecnología. Necesita discutir el trabajo del presente y del futuro; la inserción del país en el comercio global, la robótica y la inteligencia artificial, etc.
La automatización destrozará la producción en serie. Los obreros perderían empleos. El trabajo manual cederá al trabajo intelectual y creativo.
Es evidente la necesidad de abordar un tema creciente que está vinculado con el futuro de un sector muy importante de nuestra sociedad: los jóvenes.
No puede ser que los jóvenes aparezcan en la escena pública cuando la crónica periodística los saca a la luz, ya sea por una transgresión a valores sociales instituidos (robos, disturbios, embarazo, prostitución, subsidio) o ante un examen de ingreso a la universidad (caso de la Universidad de Laguna Blanca de Formosa).
El sistema educativo repite fórmulas y estrategias de aprendizaje (PAIR, Promoción Asistida) las cuales, debido a los resultados, demuestran que llevan al fracaso a los jóvenes porque no obtienen resultados los esperados.
Es necesario repensar la educación, las capacidades, la calidad, la capacitación de los jóvenes que, en su gran mayoría, tienen déficit de competencias básicas en lectoescritura, comprensión de texto, matemáticas, manejo de la información, de comunicación, de recursos y que en su gran mayoría están por debajo de la línea de indigencia.
El momento es crucial, no van a integrarse plenamente a la sociedad ni al mercado de trabajo en estas condiciones. Hay que pensar nuevas formas para transmitir y hacer crecer esas competencias que son cada vez más necesarias.