Desmontando -amigablemente- equívocos sobre conceptualización pedagógica cooperaria
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Desmontando -amigablemente- equívocos sobre conceptualización pedagógica cooperaria

Desmontando equívocos de contenidos conceptuales, actitudinales y procedimentales de la pedagogía cooperativa.

“Jamás pude admitir la mixtificación de que la educación es un quehacer neutral. Yo pienso lo contrario, que la educación es siempre un quehacer político. No hay, pues, una dimensión política de la educación, sino que ésta es un acto político en sí misma. El educador es un político y un artista; lo que no puede ser es un técnico frío. Ello significa que tiene que tener una cierta opción: la educación para qué, la educación en favor de quiénes, la educación contra qué. A las clases sociales dominantes no les gusta la práctica de una opción orientada hacia la liberación de las clases dominadas. Esta es mi opción: un trabajo educativo, cuyos límites reconozco, que se dirija hacia la transformación de la sociedad en favor de las clases dominadas”. Paulo Freire

 

Navegando por internet nos tropezamos con un texto que nos alude y además expone lo que, respetuosamente, consideramos una distorsión conceptual pedagógica sobre la educación cooperativa escolar y universitaria, campos en los que nos desempeñamos.

De modo pues, ejercemos la digna tarea de echar mayor luz, esperando ilumine la belleza pedagógica cooperativa, ante las conceptualizaciones en contrario expuestas por Pedro Chico González -Corrientes pedagógicas Contemporáneas- Editorial Bruño. Lima-2011, en el capítulo N° 7:

http://pedrochico.sallep.net/12%20Corrientes%20pedag%c3%b3gicas/01%20Libro%20texto%20impreso/

 

DOS DIRECCIONES: LA POLÍTICA Y LA DIDÁCTICA

 

Cooperativismo sociopolítico.

“A veces se entiende hoy la enseñanza cooperativa como una forma de socializar a los escolares como miembros de una sociedad cooperativa. Se trabaja con los demás y para los demás y todo pertenece a la colectividad”.

“En los años escolares se descubre y, cuando se llega a la adultez, se integra en el movimiento socializante de la democracia, que aspira al colectivismo y socialismo integral. No es esa línea la más deseable si se asumen otros principios como la libertad, la personalidad, la democracia y la pluralidad”.

“El Profesor José Yorg, promotor del Movimiento latinoamericano de cooperativismo escolar, considera que es decisivo “resaltar los fines y fundamentos de la Educación Cooperativa y Mutual Escolar como aporte a la formación de nuestros niños, jóvenes y docentes basada en una metodología diferenciada e innovadora’. Y afirma que “la educación cooperativa escolar está basada en el diálogo, la participación, la reflexión colectiva creadora, potenciando lo mejor del ser humano, además es interdisciplinaria porque exige un tratamiento integral y coherente de las diversas áreas curriculares, orientada al perfeccionamiento del educando en equipos, pensando en un desarrollo de la comunidad”.

“Es bueno ese cooperativismo, pero pertenece más a la esfera de las ideologías sociales y políticas que a la didáctica de cada día para cada profesor en cada lugar concreto”.

Por nuestra parte, nos consta que existen otras corrientes pedagógicas y a todas respetamos, sólo que nuestras experiencias y prácticas educativas en las campiñas formoseñas han sido diferentes, pues las necesidades de nuestros educandos labriegos nos platearon encrucijadas que fueron resueltas a partir de los oportunos consejos pedagógicos de la Supervisora Lina Frederich de Acuña: La educación cooperativa escolar. ¿Por qué?

Porque año tras años el esfuerzo y sacrificio de los campesinos, que entregan desde sus fecundas tareas, no son compensadas a la hora de la venta de sus productos, aislados y carentes de conocimientos que los ubiquen con precisión ante la oferta y demanda, sucumben inexorablemente, sobreviven.

¿Cuál es la mejor manera de trasformar esa injusta situación? Abandonar la forma individual de producir y vender, planificar y abrir mercados, educarse y capacitarse en la nobleza cooperativa.

Queremos aportar en conjunto con otras ideas o corrientes a la imperiosa necesidad de construir la pedagogía cooperaria de Nuestra América. ¡Queremos impulsar con vigor necesario el “Movimiento latinoamericano de cooperativismo escolar y universitario!”-

A esta altura del escrito reivindicamos nuestra postura con la mejor alegación que pudiéramos tener: La cita de Paulo Freire que encabeza esta conversación estimado/a lector/a, puesto que ella nos contiene en este andar educativo cooperativo.

A rigor de la verdad, esto de hacer algunos señalamientos a las expresiones de Pedro Chico González en “Corrientes pedagógicas Contemporáneas”, es una excusa perfecta, es una oportunidad más para referirnos a la Pedagogía cooperaria.

Modestamente decimos y proclamamos que los conceptos que aquí exponemos no provienen de grandes consorcios ni de laboratorios ni de encumbradas universidades, sin embargo, ello no nos quita el sueño de la siesta, no, ellas provienen de nuestras prácticas enriquecidas con investigaciones y debates.

Por ello podemos señalar que nuestras prácticas pedagógicas, nuestras reflexiones, y nuestras teorizaciones nos llevan a construir una pedagogía que es fruto de una constatación histórica que realizaran los Pioneros de Rochdale al crear su almacén cooperativo, que otro mundo es posible superando las distorsionadas relaciones impuesta por el capitalismo, desde allí, en efecto, el acto educativo que es un hecho social, es también un hecho político. La pedagogía cooperaria contiene un conocimiento reflexivo y colectivo, teórico y práctico, que cuenta con un recurso didáctico cual es la cooperativa escolar, y por consecuencia de ello, pertenece a una corriente disciplinar educativa que interviene en las aulas Latinoamericanas.

“No es esa línea la más deseable si se asumen otros principios como la libertad, la personalidad, la democracia y la pluralidad”. Se alude en contrario al cooperativismo escolar. ¡Vaya paradoja! Si precisamente, el cooperativismo nació por imperio de esas ausencias sociales a las grandes mayorías, producto de un régimen excluyente.

Repetimos sin cansarnos, el cooperativismo alberga lo más noble, lo más humano, lo más digno. Sus valores y principios, sus consignas, como el “esfuerzo propio y la ayuda mutua” y “en la diversidad, la unidad”, proveen y envisten a la pedagogía cooperaria con potentes atributos pedagógicos y didácticos con una justa relación entre lo individual y lo colectivo, desmoronando aquello de ““Es bueno ese cooperativismo, pero pertenece más a la espera de las ideologías sociales y políticas que a la didáctica de cada día para cada profesor en cada lugar concreto”.

Y si asumiéramos, plenamente, como nos inculca Enrique AGILDA (1962), en su magnífico libro “Cooperación, doctrina de armonía” podríamos preguntarnos si esta cualidad hermosa es también intrínseca a su Pedagogía y diríamos sin dilación que sí, ¿Por qué? Porque la cooperación se expresa en su dimensión pedagógica proveyendo conocimientos y estímulos «para sentir y pensar a favor de la convivencia armónica con sus semejantes».

Así, encontramos que es acertado lo que nos dice José Ángel ACHÓN INSAUSTI (2016), entre otros, que «comprender» significa «penetrar en las motivaciones que llevan a las personas y grupos concretos a actuar de tal forma, a su mentalidad y a la cultura, a esas motivaciones de fondo que los mueven». En el caso del cooperativismo escolar, el educador en su “cada día para cada profesor en cada lugar concreto”, debe previamente comprender las motivaciones profundas de la esencia de la cooperación para plasmarlo en su práctica educativa.

Pero también la educación cooperativa escolar nos recuerda inexorablemente que “Los maestros/as nunca debemos olvidar que jugar con nuestros alumnos es darles alegría escolar y así nos aseguramos que amen el estudio”.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

 

Por José Yorg. El Cooperario

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