El triunfo de Jair Bolsonaro golpea las aspiraciones presidenciales de Cristina Kirchner
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El triunfo de Jair Bolsonaro golpea las aspiraciones presidenciales de Cristina Kirchner

El resultado de las elecciones en Brasil demuestra que ya no hay espacio para líderes acusados de corrupción sistemática que se apalancan en estrategias populistas para regresar al poder.

Jair Bolsonaro es el resultado electoral de la causa Lava Jato, la crisis económica y el descrédito de la clase política de Brasil. Su triunfo abrumador en la primera vuelta presidencial, demuestra que la sociedad brasileña ya no soporta la corrupción y la ausencia de un futuro auspicioso como potencia mundial. Esta sociedad avergonzada de su presente se hartó del sistema construido por el Partido de los Trabajadores y sus enemigos ocasionales, y votó en su mayoría por un militar racista, conservador, xenófobo, misógino y golpista.

Bolsonaro representa al vacío de poder en Brasil y establece una lección histórica que debe ser leída por Mauricio Macri y las distintas facciones peronistas que competirán en los próximos comicios presidenciales. Ya no hay espacio para líderes acusados de corrupción sistemática, que se apalancan en estrategias populistas para regresar al poder. Bolsonaro transformó en cenizas a Lula da Silva y Dilma Rousseff y a la distancia informó a Cristina Kirchner que su tiempo político ha terminado. Si el justicialismo no archiva a CFK antes de los comicios, la sociedad argentina transformará a la ex Presidente en caricatura política.

Bolsonaro inició su carrera presidencial como un candidato por afuera del sistema. Su trayectoria hacía acordar a Donald Trump, y en épocas pasadas a Silvio Berlusconi. Este líder italiano fue la consecuencia impensada de la operación Mani Pulite, un proceso judicial apoyado por la Casa Blanca para enterrar a la clase política que había aparecido al final de la Segunda Guerra Mundial. Berlusconi comprendió que había un vacío de poder en Italia y que era considerado un Huevo de la Serpiente, pero la sociedad italiana estaba cansada de los políticos con títulos y honores, y decidió votarlo y ponerlo en el poder durante una década.

 

Jair Bolsonaro (AFP)

Jair Bolsonaro (AFP)

En cambio, el ascenso de Trump fue más sofisticado. No había vacío de poder, ni causas de corrupción que traccionaran su carrera hacia al Salón Oval. Sin embargo, el empresario inmobiliario olfateó un cansancio moral de la sociedad americana y la oportunidad de satisfacer esa sensación de hastío que se podía observar en ciertas ciudades rústicas alejadas de New York, Washington, Chicago o San Francisco. Trump le habló a los descastados que no leen el New York Times y miran la tele con una cerveza fría en la mano. Y ganó, pese al establishment de la costa este y a la industria del cine de Los Ángeles.

Bolsonaro es una mezcla de Berlusconi y Trump. No tiene formación intelectual, trata mal a las mujeres, es fascista y odia los parámetros básicos de la democracia. Pero posee a favor un elemento clave: entiende las necesidades del poder brasileño y comprende las aspiraciones de la sociedad brasileña, que no tiene sueños a la vistay hace mucho tiempo que no da una vuelta olímpica en un mundial de fútbol. El militar se apropió del inconsciente colectivo del Brasil, arremetió contra los restos del PT, se apoyó en la iglesia evangelista y prometió que su ajuste sólo durará un año.

 

Luiz Inácio Lula da Silva y Fernando Haddad

Luiz Inácio Lula da Silva y Fernando Haddad

Esa suma de factores políticos abonó el triunfo de Bolsonaro en la primera vuelta. El candidato del Partido Social Liberal ya es apoyado por el grupo ruralista del Congreso, por el mercado financiero, por las fuerzas de seguridad, por Edir Macedo – creador de la Iglesia Universal del Reino de Dios-, por el establishment de San Pablo y por el 46,10% de los brasileños que podían votar. Bolsonaro terminó con Lula y Dilma, convirtió en añicos al sistema de partidos en Brasil, y se aprestar a ganar la segunda vuelta electoral.

Hasta anoche, CFK creía que la crisis de Macri con Elisa Carrió, el acuerdo con Christine Lagarde y la recesión económica podía transformar en realidad su sueño presidencial. Pero la elección de Bolsonaro reveló que CFK ya no tiene posibilidades de regresar al poder. Los comicios en Brasil demostraron que los candidatos presidenciales con causas abiertas por corrupción, apenas recogen los votos que trafican los aparatos partidarios.

El peronismo quiere regresar a la Casa Rosada y ha asumido como propio el axioma Bolsonaro: en un contexto de crisis económica, con el electorado cansado de las promesas políticas, un candidato corrupto no tiene posibilidades de ganar una elección presidencial.

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