JUECES DEL ANOCHECER, POLIZONTES DEL HORROR
Sociedad

JUECES DEL ANOCHECER, POLIZONTES DEL HORROR

TRAGEDIA DE LA COMISARIA DEL MENOR

Dice Fito Páez en una estrofa  de la canción dedicada al menor Walter Bulacio, víctima de la violencia policial en abril del año 1991, a la salida de un recital de Los Redonditos de Ricota en el estadio Obras Sanitarias de Buenos Aires, falleciendo cinco días después.-

En Formosa, el 16 de octubre, en una celda de 3x3  metros,  dentro de la Comisaria del Menor , creada por disposición de la Jefatura de Policía en el año 1985, con “conocimiento y  aprobación del Ministerio de Gobierno”  a cargo de Vicente Joga, e incendiada cuando éste funcionario se desempeñaba como gobernador  . Según dicha disposición policial la finalidad era “brindar protección física y moral” a los menores.

Nació así un verdadero campo de reclusión donde eran privados de su libertad por tiempo indeterminado  los menores, mujeres y varones, por el delito  de ser pobre, sin posibilidad de ser liberados por el beneficio de la excarcelación, quedando expuestos al “cuidado” de policías destinados a cumplir sanciones disciplinarias, incluso por delitos penales, en una dependencia que aborrecían, como parte del castigo 

 Precisamente en el día de la inmolación, los niños estaba al “cuidado” de un policía pirómano, sancionado por haber prendido  fuego a una subcomisaria donde prestaba servicio, siendo el sujeto más perverso a la hora de buscar entretenimientos en sus guardias, atormentando a los menores de las formas en que se le ocurriera. Así los pequeños detenidos se encontraban en un estado de desesperación constante, agravándose en dicha fecha por la alteración emocional provocada por no estar con sus progenitoras en el Día de la Madre.

 En esta situación los menores deciden llamar a la atención de las autoridades provocando un incendio con los colchones de goma pluma, que  recientemente le habían obsequiado para que no continuaran  durmiendo en el suelo, y los policías permitieron que  ingresaran a la pequeña celda pese a estar prohibido cualquier  material sintético por su alta combustibilidad y el humo toxico que produce daños letales a cualquier ser humanos.

 En poco minutos la temperatura alcanzó los 500 grados  matando a los 4 niños, entre los cuales se encontraba el indiecito Dañacon de apenas 10 años de edad,  y causando lesiones mortales a otros 4, mientras el “cuidador” observaba impávido las llamas y  escuchaba los gritos atroces de las victimas  sin abrir la puerta del calabozo porque “se le había perdido la llave”, dijo posteriormente a modo de justificación.

 Así se consumo la mayor y más grave violación a los derechos humanos por parte del Estado en época de gobiernos democráticos. Los menores en su desesperación, buscando la libertad, iniciaron el incendio donde perdieron la vida. Los dos derechos irrenunciables de toda persona humana.

Coincidimos con el sacerdote, hermano, amigo y compañero Delis Luque que se trató de muertes provocadas de tiernas y silenciosas víctimas de la injusticia  social, del abandono y de los abusos del poder.

 Inmediatamente , el mismo día de la tragedia , se reunieron en la Casa de Gobierno las más altas autoridades de los tres poderes de la provincia, acordando  la estrategia política-judicial para la garantizar la impunidad de los funcionarios responsables de semejante crimen, comenzando por enviar a los cuatros menores sobrevivientes por unos días a un ignoto hospital del Paraguay, con la finalidad de evitar la enorme repercusión que provocaría la internación en el Instituto del Quemado en la Capital Federal.

 En lo institucional resolvieron eliminar toda posibilidad de intervención de los humildes familiares en la causa penal, procediendo a modificar el código de procedimiento  eliminando la figura del querellante particular, descalificándola por considerar que se trataba de una “remora medieval  que persigue la venganza”, pavimentando el camino  para que intervengan solamente fiscales y jueces corruptos, favorecidos con todo tipo de transacciones a  plena luz del día, no “ al anochecer”, como  expresa  Fito Páez en su canción “Ayer soñé  con Walter”. Más de veinte años después se restituyó la figura del querellante particular  en forma amañada para continuar brindando impunidad a los delincuentes protegidos por el poder político.

 Importa acotar que varios de los funcionarios  del gobierno que provoco la  inmolación de los niños,  con inescrupuloso cinismo y oportunismo político, se exhiben ahora como  impulsores de las causas por delitos de lesa humanidad, borrando de sus menorías selectivas la mayor y más  grave violación a los derechos humanos  en tiempo  democráticos, destacándose un personaje que invoca ser catedrático  universitario en la materia, sin que jamás expresara su repudio por la muerte de los niños , ni mucho menos  hiciera una autocrítica por haber pertenecido al Gobierno responsable.

 Cabe recordar a propósito que, a raíz del “caso Bulacio” la Corte Interamericana  de Derechos Humanos dictó un fallo de suma importancia, tanta desde el significado político como jurídico, condenando  todo tipo de violencia policial, calificándola como violación imprescriptible. Sentencia que es obligatoria para el Estado como para el Poder  Judicial, siendo la CIDH, órgano máximo de justicia en la Argentina, obligando a los fiscales y jueces a iniciar de oficio, reabrir, continuar y concluir las causas por tales delitos.

 Estamos a tiempo de poner fin a la impunidad de los abusos de poder y, como mayor  razón, en el caso de la Comisaria del Menor ya que nunca se juzgó a nadie por la muerte de los niños, sino que se aplicó penas irrisorias a policías subalternos por “presuntas vejaciones” anteriores y concomitantes al incendio.

 Tampoco ningún funcionario, ni  menos los gobiernos que  se sucedieron emitieron información oficial de lo ocurrido, dejando a la sociedad privada de conocer la verdad, que es la forma de ser libres a criterio del Papa Juan Pablo II, quien nos proporciona un concepto antológico para el caso: “Sin Verdad no hay Justicia y sin Justicia no hay Paz”

 A su vez los niños inmolados que buscando la  libertad  perdieron la vida, nos dieron una  monumental lección de dignidad, que en palabras de Eduardo Galeano, nos convoca y compromete a  los formoseños a “elegir la libertad y la esperanza, sus riesgos y su interperie”. Ojala así sea.

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